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Capítulo XI: “Quizás fuese una locura, pero había que intentarlo”

– ¡Paolo! ¡Eh, Paolo! ¿De verdad eres tú? – Ramsés esperaba la confirmación para estrechar la mano de aquel misterioso individuo.

Paolo era un muchacho no mayor que Ramsés, de unos 28 años. Moreno, media estatura y con un aspecto físico bastante demacrado. Tenía la presencia de un trabajador incansable.

– ¡Santa Madonna, madre de Dios! ¡Ramsés! Qué alegría y cuanto tiempo, viejo amigo.

Ambos se fundieron en un profundo abrazo.

– ¡Muchísimo tiempo! ¿Qué haces aquí? ¿Te sacas el abono?

– ¿El abono? Que va. ¡No te lo vas a creer! Me han preseleccionado para entrenar alguna de las categorías inferiores. Seguí tu consejo y me animé para sacarme el título de entrenador. Y mírame, aquí estoy. ¿Y tú? ¿Qué haces aquí? ¿También vienes a la preselección?

Tras escuchar esas palabras, Ramsés soltó una atronadora carcajada. ¿Como podía decirle a su mejor amigo que él era el nuevo manager del primer equipo? Resultaría incomodo cruzarse con él conociendo la diferencia de poder que separaría a ambos. Y de repente, algo se iluminó en su cabeza. Quizás fuese una locura, pero debía intentarlo. Se volvió y miró fijamente al hombre que estaba detrás suya.

– Marco, acabamos de encontrar a nuestro hombre.

– ¿Estás seguro, Ramsés? – El director deportivo dudaba que una persona que se presentaba al cargo de entrenador de categorías inferiores pudiese desarrollar correctamente el puesto de segundo entrenador de la primera plantilla.

– Lo estoy, querido Marco. Quiero que Paolo sea mi segundo entrenador. Se que juntos formaremos una dupla ganadora para nuestro equipo.

Aunque Marco seguía estando indeciso, acató la decisión de Ramsés. Tuvo el presentimiento de que aquella no era una decisión errónea, sino todo lo contrario. Una vez hecha las presentaciones, los tres se dirigieron al interior del estadio, mientras que Ramsés le revelaba a su mejor amigo la verdad de aquella situación.

Una vez traspasaron la recepción, Marco se despidió.

– Bueno, caballeros. El deber me llama. Ramsés, recuerda que debes estar presente en la rueda de prensa, dentro de una hora. ¿Qué tal si esperais mientras en la sala de reuniones? Yo mientras redactaré los contratos para Paolo y Luigi.

– Perfecto, Marco. Vamos, Paolo, tengo que ponerte al corriente de mis ideas para este equipo. También me gustará escuchar tu opinión sobre fichajes.

Mientras que el director deportivo se marchó a su despacho, los dos entrenadores se dirigieron a la sala de juntas. Allí improvisaron una pizarra táctica en algunos folios y se pusieron a evaluar las ideas generales del equipo.

Faltaba poco más de una hora para que su nueva vida comenzara.

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