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Capítulo X: “Quería llegar más allá de sus fuerzas; no flaquearía jamás”

Otra mañana radiante se abría ante Ramsés. Aquella noche había descansado perfectamente. Por primera vez en mucho tiempo, no tuvo ningún sueño intrigante. No sabía si era por los nervios de lo que viviría al día siguiente o por la magnífica primera sesión con el doctor Luigi. Lo cierto era que se había levantado sobre las siete y media de la mañana bastante descansado y nervioso por lo que se le venía encima. ¿Cómo reaccionaría la prensa? A fin de cuentas, era un entrenador novato en la élite. A pesar de que su nuevo jefe le había confesado personalmente que confiaba en él y el proyecto a desarollar, sentía que era muy débil para los afilados dientes de la prensa deportiva. Una prensa que deseaba encontrar el mínimo atisbo para morder la yugular de cualquier inféliz que quisiese jugar a los entrenadores.

Mientras observaba el amanacer de Milán, recordó las palabras que el gran Faraón Seti decía en su sueño: “un verdadero hombre llega al final de sus fuerzas. Un rey, más allá de ellas; si no eres capaz de ello, no reinarás y no volveremos a vernos. Ninguna prueba debe hacerte flaquear.” No llegaba a comprender el porqué, pero aquellas palabras hicieron que aceptara el reto. Quería llegar más allá de sus fuerzas; no flaquearía jamás.

A las nueve menos cinco de la mañana se acercó a la parada de taxis que había junto a su casa y puso rumbo a su nuevo lugar de trabajo.

– A la vía dei Piccolomini, por favor. – Dijo Ramsés mientras cerraba su puerta.

Fué un trayecto agradable donde charló con el conductor casi todo el camino. Intercambiaron formas de ver el fútbol, tanto nacional como internacional. Al llegar a su destino, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Por fin había llegado el gran día.

Nada más salir del coche un hombre muy trajeado esperaba a Ramsés. El saludo se basó en un fuerte y firme apretón de manos.

– Buenos días, Ramsés. ¿Preparado para el principio de tu aventura?

– Por supuesto, Marco.

Marco Branca era el director técnico del nuevo club al que entrenaría. Ambos sabían que por el bien del equipo, tenían que entenderse. Pero aquellos hombres se respetaban y admiraban mutuamente.

– Por cierto Marco, tengo que comentarte algo. Me gustaría incoporar a un grandísimo profesional a nuestro staff técnico; más concretamente, a la parte de fisioterapia.

– No creo que haya ningún problema. Cuentas con total libertad para confeccionar tu equipo técnico. Solo hay un inconveniente: aún no te hemos encontrado un segundo entrenador válido. El tiempo se nos viene encima y nos gustaría contar con él antes de empezar la pretemporada.

– ¿No hay un solo candidato que satisfaga nuestras necesidades?

– Ramsés, ¿sabes cuanto cuesta encontrar un segundo entrenador que sea joven y tenga los atributos que exigiste? Hay poca gente con esa preparación.

– Bueno, seguro que encontramos una solución. ¿A que hora es…?

Ramsés se quedó plantado. Acababa de ver algo que lo dejó boquiabierto. No podía ser. No era posible. ¿De verdad era quien él pensaba?

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