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Capítulo IX: “Se conocieron en Luxor”

La cara del doctor emanaba una felicidad extrema. Por fin, después de tantos años, había encontrado un paciente interesante. No paraba de apuntar cosas y escribir ampliaciones en color rojo. Ramsés, que aún estaba atónito por lo sucedido en la hipnosis, comprendió que lo mejor era esperar a que Luigi terminase de apuntarlo todo.

Casi treinta minutos después, el médico levantó la mirada.

– Ramsés, ¿eres consciente de lo que acabamos de vivir?

– Estoy muy confundido, Luigi. ¿Qué opinas tú?

– Aún es demasiado pronto pero creo que estamos ante un caso de reencarnación. O quizás, ante un “profeta”.

– ¿Un profeta? – A Ramsés no le gustó esa palabra. A pesar de que creía en Dios, nunca había sido un fiel seguidor de la iglesia.

– Sí, Ramsés. Un profeta. Puede que te llames de esa forma porque así lo quiso el destino. Has podido ser el elegido para transmitir las vivencias y enseñanzas de uno de los faraones más grande el Egipto Antiguo.
Ramsés se quedó perplejo. Aquellas palabras que el doctor le decía no parecían tener pies ni cabeza. Pero… Tampoco era tan descabellado.

– Dime, Ramsés. ¿Sabes si alguna persona de tu árbol genealógico tuvo sangre egipcia? ¿O algún miembro emigró desde aquellas tierras?

– Mi madre…

– ¿Tú madre, Ramsés? – El doctor no pudo ocultar su impresión por aquellas palabras.

– Nunca la conocí. Murió durante el parto, cuando me tuvo a mí. Pero mi padre me contó que ella era egipcia. La conoció durante su viaje de fin de carrera. Él era historiador; se conocieron en Luxor una noche, junto al templo edificado por Amenhotep III y…

A Ramsés se le secó la garganta. Acababa de recordar el porqué de su nombre.

– ¿Y quién? Vamos, no me dejes con la intriga.

– Por Amenhotep III y Ramsés II. Mi padre me contó que me puso ese nombre como tributo al hombre que construyó el templo donde conoció a la mujer de su vida.

A medida que Ramsés iba contándole detalles al doctor, se iba dando cuenta que aquello era espectacularmente raro. Sabía que acababa de empezar un largo camino hacia la verdad. Pero no se asustó. Quería llegar hasta el final. Después de una larga charla, el paciente se dispuso a abandonar la consulta. Cuando estaba junto a la puerta, leyó algo que lo dejó petrificado.

– Luigi, ¿qué es esto? – Ramsés se había detenido ante un diploma de la Universidad Italiana.

– Ah, eso. Antes de estudiar psicología paranormal, me licencié como fisioterapeuta. Pensé que ese era mi futuro profesional. Pero la vida, a veces, nos tiene preparado otro destino.

– ¿Fisioterapeuta? ¡Es genial! Oye, ¿qué te parece si trabajaras para mí? Bueno, no para mí exactamente; pero sí conmigo.

– ¿Trabajar como fisio? – Luigi no parecía muy contento con aquella proposición.

– Solo lo harías por las mañanas. Te prometo un buen sueldo. Además, podrás compaginar ese trabajo con nuestras sesiones perfectamente. Vamos, es una gran oportunidad.

El doctor se lo pensó durante unos minutos. Hacía muchos años que dejó aparcada esa profesión para dedicarse a lo paranormal. Pero la idea de seguir de cerca la evolución de Ramsés le sedujo profundamente.

– Está bien, acepto. Pero… ¿Dónde voy a trabajar?

– Eso es cosa mía, Luigi. Mañana por la mañana te llamaré para que vengas a firmar el contrato.

Ambos se despidieron con un apretón de manos. Aunque ninguno quiso decirlo, sabían que había surgido una gran amistad entre ellos.

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