Inicio > General > :: Flashback: Viviendo con el pasado ::

:: Flashback: Viviendo con el pasado ::

Capítulo VIII: “¿Crees que basta con el coraje para gobernar a los hombres?”

Ramsés estaba agotado. La imagen de aquel toro mirándole desafiante no ayudaba a que se tranquilizara. El doctor tenía un vaso de agua en la mano, sabedor que las primeras sesiones de hipnosis agotaban mucho.

– ¿Cómo te encuentras, Ramsés? – El doctor estaba preocupado. Nunca imaginó que la primera sesión tuviese de protagonista a un toro.

– Extasiado, doctor. Pero… Me gustaría continuar. Ese hombre que ví al volver mi cabeza… Necesito saber quien era.

– Ramsés, no es una buena idea. Tu mente necesita descansar, creeme. Eres el primer paciente que me pide continuar. – El médico fue incapaz de controlar su emoción.

– Por favor, doctor. Necesito saber de quién se trataba.

Luigi no estaba muy convencido pero la intriga pudo con él. Aunque no le dijo nada a su paciente, él también deseaba conocer la identidad de aquel hombre. Sacó de nuevo su reloj y empezó con la nueva sesión.

Lívido, se volvió lentamente… Hacia su padre.

Seti, el faraón de Egipto, aquel al que llamaban “el toro victorioso”, se mantenía a unos diez pasos detrás de su hijo. Su sola presencia -se decía- paralizaba a sus enemigos; su inteligencia, aguzada como el pico del halcón, iba en todas direcciones y no había nada que ignorase. Esbelto, con el rostro severo, la frente alta, la nariz arqueada, los pómulos salientes, Seti encarnaba la autoridad. Venerado y temido, el monarca había devuelto a Egipto la gloria de antaño.

A los catorce años, Ramsés, cuya estatura era ya la de un adulto, se encontraba con su padre por primera vez.

Entre el animal salvaje y el faraón, ¿cuál era el más pavoroso? Tanto de uno como de otro se desprendía un poder que el joven Ramsés se sentía incapaz de dominar.

-Me ha descubierto -confesó con voz que quería ser resuelta.

-Tanto mejor.

Las dos primeras palabras pronunciadas por su padre resonaron como una condena.

-Es enorme, es…

-¿Y tú, quién eres tú?

La pregunta sorprendió a Ramsés. Con la pata delantera izquierda, el toro escarbaba furiosamente el suelo; garzas y garcetas remontaban el vuelo, como si abandonaran un campo de batalla.

-¿Eres un cobarde o el hijo de un rey?

La mirada de Seti traspasaba el alma.

-Me gusta luchar, pero…

-Un verdadero hombre llega al final de sus fuerzas. Un rey, más allá de ellas; si no eres capaz de ello, no reinarás y no volveremos a vernos. Ninguna prueba debe hacerte flaquear. Vete, si lo deseas; si no, captúralo.

Ramsés osó alzar los ojos y sostener la mirada de su padre.

-Me enviáis a la muerte.

El toro emitió un mugido; Ramsés dio la cara.

Seti entregó a su hijo una larga cuerda con un nudo corredizo.

-Su fuerza está en su cabeza; atrápalo por los cuernos y lo vencerás. En cuanto el toro oiga el silbido del lazo -advirtió el faraón- se abalanzará sobre ti; no falles, pues no dispondrás de una segunda oportunidad.

Irritado por el olor del hombre, el toro no esperaría mucho tiempo. Ramsés apretó la cuerda. Cuando el animal se sintiera capturado, necesitaría desplegar la fuerza de un coloso para inmovilizarlo. Ramsés hizo voltear el lazo; el toro se abalanzó con los cuernos por delante. Sorprendido por la velocidad del animal, el joven se aparto dando dos pasos hacia un lado, extendió el brazo derecho y lanzó el lazo, que onduló como una serpiente y golpeó el lomo del toro. Al terminar el movimiento, Ramsés resbaló en el húmedo suelo y cayó en el momento en que los cuernos se aprestaban a ensartarlo. Le rozaron el pecho sin que él cerrara los ojos. Había querido ver la muerte de frente. Irritado, el toro continuó su carrera hasta el cañizal y se volvió de un salto; Ramsés, que se había levantado, fijó su mirada en la del animal. Lo desafiaría hasta el último momento y probaría a Seti que el hijo de un rey sabía morir dignamente.

El impulso del monstruo fue atajado en seco; la cuerda que sostenía firmemente el faraón rodeaba sus cuernos. Loco de furia, sacudiendo la cabeza y exponiéndose a romperse la nuca, el animal intentó liberarse pero fue en vano; Seti utilizaba su enorme fuerza para volverla contra él.

-¡Agárrale el rabo! -ordenó a su hijo.

-¡Vos sois más fuerte que él!

-Ya no somos adversarios porque hemos cerrado un pacto.

Seti sacó un puñal de un estuche de cuero y, con un gesto rápido y preciso, cortó el rizo de la infancia.

-Padre mío…

-Tu infancia ha muerto; la vida empieza mañana, Ramsés.

-No he vencido al toro.

-Has vencido el miedo, el primero de los camino de la sabiduría.

-¿Y hay muchos otros?

-Sin duda más que granos de arena en el desierto.

La pregunta ardía en los labios del joven.

-¿Debo entender… que me habéis elegido como sucesor?

-¿Crees que basta con el coraje para gobernar a los hombres?

Ramsés volvió en sí. Lo que acababa de contemplar, aunque fuese en su subconsciente, lo había dejado paralizado. ¿Por qué? ¿Por qué encarnaba a un joven que tenía su mismo nombre? Miró al doctor para encontrar una respuesta… Pero Luigi estaba demasiado ocupado transcribiendo todo aquello en folios nuevos.

Anuncios
Categorías:General
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: